viernes, septiembre 23, 2005

La magia desaparece

Cuando era niño me regalaron un pequeño proyector de películas de 8mm marca Fisher Price de segunda mano. Entones eran relativamente comunes esos proyectores (ahora son comunmente raros), básicamente consistían en un visor de plástico puesto en acción mediante una manivela (mi primo de Las Lomas tenía una versión eléctrica que proyectaba la animación en la pared), por la parte frontal se colocaban los cartuchos que a ritmo normal durarían un par de minutos. Mi colección de películas se limitaba a dos cartuchos; uno de ellos tenía un fragmento de Bambi y el otro una película del Pato Donald y unos fantasmas, creo.

Lo que tengo grabado desde entonces era algo especial que tenía esa película de Bambi, me encantaba verla una y otra vez (nunca he visto la película en versión largometraje), entonces no sabía exactamente qué era. Mis intereses desde chico siempre fueron más técnicos y humanísticos que artísticos, por lo que el asunto del proyector quedó en el olvido, creo que el proyector se fue junto con todos mis juguetes de niño a un albergue de damnificados del terremoto del 85.

Corría el año de 1994 (el mismo en que Marianne y yo nos conocimos) y un par eventos entre varios cambiaron mi vida. Se estrenan Toy Story y JP (Jurasic Park), la película que trae nuevamente el tema de los dinosaurios, la pequeña diferencia fue su enorme presupuesto y el uso de computadoras en lugar de maquetas de plastilina y metal. Recuerdo haber visto esa película cuatro veces en el cine, y creo que la emoción que tuve en aquella época sólamente se ha repetido con El Señor de los Anillos. Entre mis colegas hay un tácito acuerdo en que esta escena junto al diálogo "Welcome to Jurasic Park" es lo que cambió todo, ya no hubo marcha atrás:


Ahora que medio vivo de la animación y los efectos visuales tengo claro varias cosas. Eso especial que me atraía del proyector es lo que Walt Disney llamó como "Ilusion of life". El arte de la animación consiste en crear una secuencia de imágenes que proyectadas en secuencia puedan crear la ilusión de que los objetos y personajes están vivos. No cualquiera que anima tiene esa capacidad, como siempre hay gente que nace con esa habilidad y hay otros que la adquieren con tiempo y mucho trabajo. El objetivo de crear ilusión de vida se perdió durante muchos años y aparecieron estudios como Hanna Barbera que descubrieron que una forma de sobrevivir la crisis de animación era hacer animación limitada, un típico ejemplo de eso son las escenas en las que un personaje en Los Picapiedra corre por un pasillo y se ve pasar un florero o una ventana varias veces.

Estudiar y saber cómo se hacen las películas me ha permitido adquirir un oficio pero por otra parte me ha llevado a matar la magia que antes rodeaba ver películas. Simplemente ya no las puedo ver como antes y entiendo que eso sea normal, pero lo extraño de vez en cuando. Sin embargo he comprendido que con la madurez he tenido que cambiar la magia de ver una animación con la magia de hacerla.

1 Comentarios:

At martes, septiembre 27, 2005 10:14:00 a. m., Anonymous Anónimo nos responde...

Snif, snif, snif, ¡mi Pipenui creció! Que blog tan emocionantemente nítido. El sentimiento está tan bien descrito que se puede "ver". Felicitaciones. Ahora, que ya estamos crecidos, hay que encontrarle sentido justamente a lo que hacemos para los otros. Si es nuestra vocación, le encontraremos la gracia y la magia perdida junto con la niñez. Mil besos, Ina

 

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